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25.9.13

El día que me casé ~ El día de la boda

Si habéis llegado hasta aquí sin desmayo y sin que se os haya desencajado la mandíbula de tanto bostezar puedo sentirme feliz. Si no es así dejadme que piense que no lo habré hecho tan mal si al menos seguís pendientes de cómo termina la cosa, a pesar de los bostezos...No, no hace falta que me lo aclaréis, es más bonita la fantasía ;)

A grandes rasgos ya he ido hablando del día de la boda, de cómo casi salté al techo cuando sonó el despertador, de lo poco que dormí porque estaba nerviosa (no lo he contado pero lo hago ahora). Por lo de casarme pues sí porque ya estábamos muy bien tal cual estábamos y no quería que se fuera a estropear. Y por supuesto por la "puesta en escena" de todo en lo que había estado trabajando en los dos meses previos.

He contado que me relajé en la peluquería. Hasta el punto de que fui capaz de hacerme esta foto:


De que salí de la peluquería y entré en pánico cuando me dí cuenta de la hora que era y que aún me faltaba comprar las flores, hacer mi ramo, los prendidos del novio y el padrino, comer, maquillarme, vestirme, hacernos la sesión de fotos en casa (ramos incluidos), salir a tiempo, pintarme las uñas (esto era de importancia vital como todo el mundo sabe), hacer repaso mental cada media hora de todo lo que estaba listo y lo que no, reunir todo lo que teníamos que llevarnos y conseguir que no fuera asaltado por mis gatos molones y también muy curiosones. (Les encanta probar cómo suena cada papel nuevo al rasgarse, meterse en las bolsas, tirar cosas al suelo para oir cómo caen, morder cualquier cinta decorativa y cuando ya han satisfecho su curiosidad y necesitan un reposo tumbarse encima de lo único que haya en la habitación que no deba ser aplastado).
Todo ello se traduce en que tienes que dejar muchas cosas para el final porque si no antes se estropean (atar los globos en el coche a pleno sol, secar los tallos de las flores para que no vayan mojados, hacerte las fotos sin arrugarte demasiado la ropa, bla bla bla). Dejas muchas cosas para el final que tendrás que hacer en un tiempo muy pequeño y sin perder la compostura, claro. Suerte que no hizo el típico mes de junio caluroso y eso ayudó bastante a lo de la compostura.
Por ello conté que comí mientras me pintaba las uñas, me levanté ochocientas veces y fui flotando de un sitio a otro. No flotaba de felicidad todavía, es que me movía tan rápido que no tocaba el suelo.

El milagro fue que llegamos a tiempo a todo. Bajamos cargados con las bolsas de los kits del invitado, la cámara, el trípode, el ramo, el bolso (en mi caso) y lo dejamos todo en el portal. Abrí un poquito la puerta y salí con la cámara. Lo que inmortalicé fue esto:


A mí me inmortalizaron así:


Fue un momento muy bonito porque estaban todos guapísimos, por fin, allí juntos. Hicimos un poco de follón porque eran las cinco de la tarde, un viernes tranquilo, y salió hasta el vecino a ver qué pasaba. Al menos aprovechó para felicitarnos.
Estuvimos un buen rato haciéndonos fotos, jaja, tuvimos nuestro momento hollywood, con tanta cámara apuntando y por fin conseguimos arrancarnos de allí e ir rumbo a la ceremonia. Encontramos un poco de atasco que le dio nervios emoción al trayecto mientras alegremente perdíamos los globos que habíamos atado con cintas a las puertas del coche. Dentro íbamos solos el novio y yo, abriendo la pequeña comitiva, comentando cada momento; yo hacía fotos con el móvil:


Llegamos al ayuntamiento donde nos casaban y lo que allí sí hacía era bastante aire. Seguimos haciéndonos fotos. Preparamos la documentación. Repartimos los kits del invitado. Los niños ya empezaron a dar buena cuenta del contenido. Más y más fotos. Le adjudiqué la cámara a mi hermana así que la teníamos siguiendo nuestros pasos.






Por fin entramos, y en un ratito allí estábamos sentados el novio y yo, delante del alcalde y la ayudante.

Aquí hago un inciso. Aparte de otras razones la gente suele preferir las bodas religiosas porque son más vistosas, más largas y como que tienen más peso.
La idea de una ceremonia civil es que es breve, funcional y con menos encanto.
A la nuestra no le faltó encanto, fue emotiva, pero lo que seguro no fue es breve.
El alcalde, al que agradezco su interés en hacer una ceremonia cálida y acogedora, no escatimó el tiempo, fue amable y se implicó consiguiendo darle un aire informal y entrañable al acto en sí.
Pero lo que me dejó fuera de juego fue que nos hizo una introducción con la historia del pueblo. Quedará como la anécdota de nuestra boda para los restos.
No fue una introducción de dos palabras, no. Fue una generosa explicación de los orígenes del lugar y su evolución. Yo miraba a mi hermana, a la única a la que podía mirar disimuladamente porque ella estaba parapetada al otro lado de la mesa del salón con la cámara, e intercambiábamos expresiones entre el asombro y la risa, sorprendidas por aquella forma de empezar. Yo no podía ver al resto salvo a mi suegro que tenía al lado y a mi inminente marido pero girar la cabeza teniendo enfrente a un alcalde entusiasmado en su relato no era muy compatible con el disimulo.
La verdad es que puso toda su buena intención y salvo esa pequeña charla cultural fueron magníficos. La fórmula para dar el "sí, quiero" era más parecida a la tradicional, y muy emotiva, no un breve "sí, acepto". Nos dejaron después un montón de tiempo para que disfrutáramos del momento mientras nos preparaban el libro de familia y toda la documentación; con anécdota y todo solo tengo buenas palabras para ellos.









Salimos de allí y los invitados nos bañaron en confetti, nos hicimos más fotos y nos fuimos a tomar algo porque estábamos sedientos, que hizo un buen día pero no dejaba de ser un 14 de junio por la tarde.


Ya desde allí nos fuimos al sitio que cuatro meses antes habíamos ojeado para hacer las fotos después de la ceremonia y descubrimos que cuatro meses dan para que la naturaleza trabaje mucho si nadie la frena. Nos encontramos con que la extensión que habíamos pensado como adecuada era ahora un bonito campo de cardos de un metro de altura o más.
No tengo nada en contra de los cardos. De hecho los considero muy fotogénicos:


Pero resultan un poco incómodos cuando tienes que hacer fotos de grupo, con tacones y vestidos vaporosos.
¿Iba a ser impedimento para nuestro propósito? Nunca. En el lado opuesto teníamos un hueco para la sesión -no exento de cierta dificultad de acceso- que ya habíamos visto en marzo en previsión de contratiempos.




Terminada la sesión recogimos todo y nos fuimos al restaurante. Allí los novios nos adelantamos para decorar la mesa.
Era el momento final de desplegar parte de lo que había estado haciendo estos dos meses atrás, para un espacio que no sabía cómo sería y que por fin tenía delante.
Hablé con los camareros y solo hubo que cambiar dos platos de sitio para dejar instalada la zona del libro de invitados y la decoración principal.


Los gatos-novios quedaron delante y entre nuestros dos servicios, el del novio y el mío, y coloqué los cuatro meseros en sus sitios correspondientes.



Los invitados ya podían pasar. Empezaba la cena por fin. Ahora sí que ya solo quedaba disfrutar y dejarse llevar por el momento.



El regreso

Concierto al aire libre el día después. Uno de los violinistas es mi cuñado 
Hay muchas más fotos pero esas las dejo para el álbum personal.


P.D. : Mi más sincero agradecimiento a la fotógrafa principal, por su buen hacer, su disposición y paciencia para estar de aquí para allá haciendo clic y sobre todo por ser una hermana como pocas (yo diría como ninguna). Gracias a todos los invitados por vuestras fotos y entusiasmo y especialmente por compartir ese día con nosotros.

23.9.13

El día que me casé ~ Las fotos

Inspiro....Espiro.... 
Para una pirada de la fotografía como yo no fue fácil esta decisión. Sobra decir que me encanta, que cuanto más aprendo, más descubro y más me gusta; es una disciplina más exigente de lo que parece (aunque siempre gratificante), con importante trabajo silencioso de fondo, del que no se ve, que va más allá de encuadrar y hacer clic.
No me gusta tanto el concepto de reportaje de boda clásico. No hay nada malo en ello, ese tipo de fotos están perfectas si son lo que buscas. Yo prefiero las fotos más personales. Se llevan haciendo desde hace tiempo y cada vez se hacen más. Probablemente estemos hablando ya de un "clásico" en la fotografía de bodas.
Me gustan aquellos fotógrafos y fotógrafas que exploran en cada sesión, que tratan de plasmar momentos únicos, que observan a las personas que tienen delante de su objetivo y consiguen crear un ambiente propicio para que los protagonistas se sientan cómodos y puedan ser ellos mismos.
Me gustan los fotógrafos y fotógrafas que intentan llevar este tipo de fotos a un plano algo más creativo, que miran de una forma diferente y personal a través de la cámara.

Recordemos las premisas de las que partíamos para organizar nuestra boda: una boda con pocos invitados y por lo tanto muy íntima y por encima de todo el deseo de hacer una boda muy personal. Un presupuesto normal para una boda pequeña.
Al tratar el tema de las fotos estuvimos dándole unas cuantas vueltas. No era de sentido común invertir en la fotografía lo mismo o más que en cualquiera de las partidas importantes de una boda tan sencilla. Y no porque pensemos que el trabajo fotográfico no lo valga. Pero tampoco estábamos dispuestos a considerar otro tipo de fotografía que no fuera la que queríamos. Así que decidimos hacer nosotros las fotos y por supuesto contar con la colaboración de los invitados.
¿Cómo puedes ser la novia y la fotógrafa en tu propia boda? Con mucha calma, algo de planificación y ayuda...Ah, y con margen para asumir que no vas a poder estar delante y detrás de la cámara a la vez todo el tiempo. Eso es imposible. Así que tocaba relajarse y disfrutar.

Lo que sí se podía hacer era fotografiar antes de la boda. Cada vez que llegaba un pedido o tenía terminada una parte: sesión fotográfica. Lo verdaderamente difícil iba a ser tener ocasión de fotografiar los elementos in situ aunque se podía intentar. Así que para no perder detalle contaría con las fotos previas, con tiempo suficiente para hacerlas y controlando un poco mejor las condiciones de la foto. 
Pero no quería dejar de ver el resultado de varios meses de trabajo en su contexto. Aprovechando que los novios, antes de la cena colocaríamos los elementos que adornarían la mesa mientras los invitados se relajaban tomando algo, aproveché para hacer las fotos. Había que ser rápidos pues la luz a partir de ahí ya solo menguaría.

Puede que os estéis preguntando qué pasaba entonces con las fotos de después de la ceremonia. También estaba contemplado :). Cuando fuimos a cerrar con el restaurante la fecha de la celebración buscamos un sitio en los alrededores que fuera rústico y accesible y lo encontramos. Cerca de una ruinas había una explanada que podría ser adecuada y allí nos haríamos nuestra sesión.
¿Pero qué es una boda sin contratiempos? Un jardín sin flores. En este caso plantas silvestres. Una cosa es localizar el sitio en marzo y otra bien distinta hacerte las fotos en junio. Que la naturaleza sigue su curso y allí nadie había cuidado de la zona verde así que cuando llegamos las plantas (cardos incluidos) llegaban por encima de la rodilla. 

Por todo ello (contratiempo incluido sin saberlo) y porque admitámoslo, si eres la novia y la fotógrafa algo va a verse más limitado y estaba claro que era la fotógrafa, había un plan b o mejor dicho un plan pre-b. En casa, una vez arreglados y con tiempo suficiente nos hicimos nuestra propia sesión. Porque sí, porque eran de los momentos antes y porque tendríamos más calma (juas) y podríamos dedicarnos con un poquito más de atención a nuestras fotos de boda.

Me encantaba la idea de hacerme unas fotos al estilo en que se hacían las fotos mis abuelos o mis padres cuando eran jóvenes. Ya lo he dicho pero me encantan las fotos antiguas. Me pareció muy divertido. Podrían salir mal las que nos hiciéramos al aire libre pero tendríamos nuestras fotos de boda sí o sí.

Por supuesto primero la foto prometida del novio:
[Textura: Encadilarte]
[Textura: Encadilarte]


[Texturas: Encadilarte y Kim Klassen]
[Texturas: Encadilarte y Kim Klassen]


19.8.13

El día que me casé ~ El novio

Todo el tiempo hablando de la novia; que si yo llevaba esto, que si compré esto otro, me hice aquello... blablabla...
Señores, el novio también existe. La prueba es que me casé con uno y sin él yo no hubiera tenido boda. Y los novios no van a ir en pelotillas, que también quieren lucir guapos, en su estilo pero guapos, que también son protagonistas. Así que hoy la entrada es suya. Del mío. Del novio. De mi novio quiero decir. De mi entonces novio, rectifico.

El traje y los zapatos.
Viajamos un momento en el tiempo y nos situamos al principio, en el último fin de semana de marzo. Aquel primer fin de semana de los preparativos de la boda en serio que fue tan productivo. Lo primero que hicimos fue buscar el traje del novio. No tardamos mucho en encontrar el traje que teníamos en mente para nuestra boda. Un traje elegante pero con un punto informal. No queríamos un traje negro, tan serio y menos en junio, para una boda de tarde, que en Madrid ya hace bastante calor. Para nuestra boda iría genial un gris, ya que estaba en los colores de la misma, o en su defecto una tonalidad en la gama de los marrones tirando a camel o un poco más oscuro. El traje que encontramos tenía un gris perfecto.
El color gris a veces puede resultar tristón o anodino pero éste le daba un toque cálido.
La hechura era con ese punto modernillo y a mi novio le sentaba como un guante. Al lado del traje vi los zapatos. Unos zapatos de cordones en piel vuelta color piedra con la puntera negra en piel normal. Me encantaron. Se los probó y le encantaron también.
Lo difícil era aunar gris con color piedra. La camisa sería la que serviría de puente entre los dos tonos. Fue gracioso porque a pesar de que el dependiente, que era muy majo, entendía que con el traje gris lo lógico habría sido recurrir a un zapato negro le gustó la idea así que se empeñó en encontrar una camisa que pudiera encajar pero todas las que tenían en la tienda eran estampadas así que tuvimos que buscarla en otro sitio. Al final encontramos una camisa en color vainilla que visualmente uniría los zapatos con el traje (y con mi vestido) y ya solo nos faltaba el remate del atuendo del novio.

La pajarita y el pañuelo
Una de las cosas que le propuse fue llevar pajarita en vez de corbata. La pajarita da un aspecto más informal (cuando el traje es de gala es todo lo contrario, es de lo más formal que hay), más fresco y más acorde con el tipo de boda que íbamos a celebrar.
Tiene un punto intelectual y para mí es inevitable ver por la calle a un hombre con traje y pajarita camino del trabajo y pensar que es profesor, científico, filósofo o alguien relacionado con la docencia y/o las profesiones pensantes. Mi novio es profe así que con esa idea de darle significado a los pequeños detalles de nuestra boda era una muy buena idea.

Se abrió otro frente sin saberlo. Descubrimos que en Madrid se venden corbatas, casi cualquier tipo de corbata y en cualquier color, pero no pajaritas.
Las pajaritas están restringidas al ámbito del frac, chaqué o traje de gala. Es lógico que no siendo habitual ver a hombres con ellas las tiendas no vean la necesidad de tenerlas a la venta pero a nosotros nos supuso buscar y buscar.

Eché un vistazo en Etsy, no se me ocurría otro sitio, pero nada de lo que encontré nos gustaba. O se las veía poco consistentes o los tonos no coincidían o tenían dibujos que se salían de nuestra idea. Habíamos pensado en ir a una tienda del barrio donde venden trajes de novio y pajaritas pero yo tenía mis dudas porque todo lo que había allí era muy formal y no iba a pegar nada con nuestro traje.
Pero una es cabezona y otro día volví a darme una vuelta por Etsy, por mirar, y la encontré. Supe que ésa era la pajarita, era perfecta, incluso solo viendo la foto en la tienda.
A él le pareció bien, que era quien tenía la última palabra y la pedimos. La vendedora fue muy agradable y me indicó cómo debía hacer para pedir también el pañuelo del bolsillo a juego.
Coincidió que la tienda era española así que el envío fue muy rápido y ya solo quedaba aprender a hacer correctamente el nudo :S 
Lo bueno es que también traía la posibilidad de, una vez hecha, desengancharla de atrás para no tener que estar haciéndola cada vez. Me gustó mucho la tienda, estaban en todos los detalles y el acabado era impecable.



¡¿Y las fotos del traje?! ¡¿Los zapatos?!...
No voy a desvelar el misterio, que el novio también quiere reservarse para el final. :)

14.8.13

El día que me casé ~ Los detalles generales: el peinado, el maquillaje, el arreglo del coche, el libro de invitados y la decoración de la mesa

El peinado fue fácil. Lo tenía claro desde el día que vi esta película: 500 días con Summer (500 días juntos) en una escena en la que Zoe Deschanel lleva un moño bajo lateral. Yo no tengo su melena pero algo se podría hacer.
Fui a la peluquería con unas cuantas fotos y el tocado hecho por mi. La prueba del peinado quedó así:


El maquillaje me lo hice yo. Cogí ideas de Isasaweis y de otros tutoriales de youtube, compré el material que me faltaba y ya está. Lo hice porque no me pareció tan complicado y porque desde hace unos años algunas sombras, lápices de ojos y máscaras de pestañas me dan alergia y me ha costado bastante encontrar marcas que no me irriten así que para qué me iba a arriesgar.

El arreglo del coche
Aquí optamos por algo sencillo. Cintas rojas y globos de colores vainilla y lila para atarlos y que volaran al viento. Evidentemente en el trayecto se fueron perdiendo todos pero fue muy divertido.
En un primer momento pensé en usar también rotulador blanco para decorar los cristales, removible, claro, pero luego nos imaginaba a los dos el día después rascando la pintura y se me quitaron las ganas. Tampoco ayudó que no encontrara rotulador blanco que no fuera permanente.
Así que lo sustituí por un cartel que pusimos en la luna trasera.


El libro de invitados
Esta idea fue cambiando mucho. Por un momento el soporte iba a ser un lienzo para después enmarcarlo y colgarlo en casa pero la idea nos pareció un poco farragosa a la hora de que los invitados nos escribieran unas palabras, ¿¿con lápiz?? ¿¿carboncillo?? ¿¿óleo?? Sin haberlo probado nosotros antes no nos convencía así que la desechamos.
Mi novio tuvo la genial idea: Encontró un cuaderno para scrapbooking con las hojas de cartón fino negro y nos pareció perfecto. Los invitados escribirían y firmarían con bolígrafo plateado y dorado y en la portada del libro pondríamos una de nuestras fotos de la preboda con un nota indicativa que iba atada a la espiral. La cita al pie de foto era: "Nuestras huellas no se borran de las vidas que tocamos", de la película Recuérdame. El problema de cómo presentarlo se resolvería después, al decorar la mesa del restaurante.



La decoración de la mesa
El último punto fuerte a la hora de romperse la cabeza fue la decoración de la mesa. Íbamos a celebrar la boda en un restaurante que nos tendría una mesa preparada para los comensales que éramos pero que no sabíamos cómo iba a quedar. La decoración la llevaríamos nosotros pero además de poner bonita la mesa debería ser algo que se pudiera poner en poco tiempo, más o menos fácil de transportar y que tampoco ocupase demasiado espacio porque no sabíamos cuánto tendríamos disponible. Algo así como decorar un sitio a ciegas. Y sin el "algo así como"...

El problema de las flores y las floristerías arrastraba el de las flores de la mesa. Me hubiera gustado que éstas tuvieran relación con el ramo pero dado que el tema del ramo no se solucionó hasta el mismo día de la boda no se podía dejar la decoración también para el final. Por otra parte estaba el problema de la supervivencia de las flores. Tendríamos que transportarlas y mantenerlas en el coche hasta que las fuéramos a colocar y no quería tener que acabar poniendo unos ramos de perejil porque mis flores llegaran mustias. Más aún con el asesoramiento nulo de los floristeros locos.
Así que recurrí a las flores de tela.


Los recipientes los encontramos en un pueblecito de Madrid, en una tienda de tipo rústico que tiene de todo, hasta puertas de madera labradas, cuadros originales, teteras...es una tienda para perderse y vaciarse el bolsillo sin anestesia.
Cuando los vi no sabía aún cómo los iba a usar pero supe que les encontraría su utilidad en la boda.


Las flores y los ramos de lavanda los compré en Ikea después de mucho buscar por internet y en más de una tienda física. Los vasos para las velas los compramos en Casa y el mantel, para que no quedara el espacio tan desnudo, lo hice yo.


Finalmente lo que iba a servir para decorar la mesa sirvió para crear un espacio especial donde presentar el libro de invitados.




12.8.13

El día que me casé ~ El kit del invitad@

En nuestra boda no podíamos olvidarnos de los invitados. Eran pocos pero buenos y queríamos mimarlos todo lo posible. 
Esto se traduce, como ya podéis adivinar (bueno, y además está en el título) en el kit del invitado.
Se dividió en tres categorías: el kit del invitado, el kit de la invitada y el funkit, para l@s niñ@s.

El kit para ellos constaba de toallitas quitamanchas, toallitas refrescantes, analgésicos para el dolor de cabeza, paquete de pañuelos de papel, caramelos, chicles, tiritas, imperdibles y la bolsa de confetti:


El kit para ellas era igual pero añadimos un abanico y una lima de uñas.
El fun kit era más sencillo, contenía bolsa de superenergía (chucherías varias) y la bolsa de confetti:


Cada bolsa con el kit iba identificada por el lacito del asa: morado para ellas, negro para ellos y amarillo los infantiles.


Sencillo ¿verdad? Salvo porque las bolsas para guardar el confetti me las tuve que hacer yo adaptando una plantilla que me descargué de internet. Necesitaba tan pocas que fue directamente la mejor opción:




7.8.13

El día que me casé ~ El porta alianzas

Cuando llegué a plantearme cómo solucionar este punto estaba en el momento en que empezaba a pensar que preparar la boda era un proceso interminable, que cada vez que parecía que estaba cerca de contar con los dedos de una mano cuántas cosas me quedaban por cerrar surgían otras nuevas que requerían un nuevo proceso de creación y elaboración. Ya había diseñado y creado unas pocas que a su vez plantearon algunos contratiempos, siempre con el reloj subido al hombro, susurrando que no podía eternizarme con nada. Ya llevábamos unos cuantos días invertidos en salir de compras, algo de lo que por cierto no soy nada fan y es que prefiero pasar un día de relax en plena naturaleza antes que salir de tiendas.
Tiene su lado negativo que te guste probar cosas nuevas y más que te guste hacerlas tú misma. Al final acabas queriendo hacerlo todo tú. Y esto, admitámoslo, no es sano. 

Por ello y a pesar de todo después de haber hecho los gatos-novios de la tarta sin tarta hacer el porta alianzas no podía ser mucho peor.
Sopesé varias opciones y en ellas lo que tenía claro es que quería que hubiera alguna referencia a París ya que allí fue donde empezó todo este tinglado.

Finalmente adapté este tutorial para hacer nuestro propio porta alianzas.
El relieve lo hice con una Torre Eiffel que compramos en París, presionando sobre la pasta; de ese modo tendría el efecto de grabado y la Torre Eiffel estaría presente sin que el resultado fuera aparatoso.
Pinté el porta alianzas de color amarillo porque el blanco me parecía demasiado frío y el amarillo me recordaba al atardecer al lado de la Torre, momentos antes de que el día D subiéramos a cenar.
Pinté la torre grabada en un tono lo más parecido a como es ella y añadí la cuerda rústica para después poder poner las alianzas. Pegué el musgo que representaría las zonas verdes de alrededor de la Torre de verdad y de ese modo, con el conjunto hecho, tendríamos un cachito de allí en las manos.

Por supuesto antes de todo esto hubo que lijar. Y lijar mucho para darle el acabado pulido y suave que al final tuvo. Y no es tanto por lo que hay que lijar sino porque hay que hacerlo con una lija fina y eso lleva su tiempo. Y porque acabas de polvo blanco hasta la nariz.
Me pilla un control antidroga con esa pinta y mi propio abogado se presentaría voluntario para ponerme las esposas. (Luego tendrían que soltarme, claro, pero la primera impresión sería fatal)

Así que queridas y queridos, novios, novias, ayudantes de los novios, familiares y cualquier mano colaboradora de una boda artesanal, preparad las mascarillas y poneos en un sitio que esté bien ventilado, sin corrientes de aire si no queréis pasaros un mes limpiando el polvillo repartido alegremente por los alrededores. Preparaos para tener cuidado de no tocar nada mientras estéis en faena porque luego tendréis que seguir el rastro de las huellas y aunque es entretenido hay formas mejores de pasar el rato. (Y sobre todo, no llaméis a los de control de drogas ni os dejéis visitar por un abogado traidor).
Yo al final no usé mascarilla porque me agobiaba pero me valió un par de estornudos y un par de viajes al lavabo para quitarme el polvo de las manos, que no me veía los dedos.

A pesar de todo el resultado, a mí personalmente, me satisfizo bastante.



1.7.13

El día que me casé

El día que me casé fue hace poco más de dos semanas, un día cálido y agradable de mediados de junio. Un día para el que tenía una entrada preparada para ser publicada antes de irme a dar el sí quiero pero que al final no pudo ser. Parece mentira que una breve revisión y un par de clics no tuvieran cabida en un día entero y es que aunque afortunadamente llegamos a tiempo con todo hubo que aprovechar cada minuto disponible. Y corrimos, vaya si corrimos. 
De todos modos es lo que se puede esperar en una boda handmade.

En los días previos me preguntaban si estaba nerviosa y claro que lo estaba.
A mí los nervios, de toda la vida, me entran antes. Ya me pasaba en los exámenes. El pico de ansiedad siempre aparecía el día anterior y sin embargo cuando llegaba el momento del examen allí estaba yo, tan pichi, casi relajada en comparación a todos los compañeros que repasaban como locos a última hora o se preguntaban si caería esto o aquello, o se daban cuenta de que precisamente se habían olvidado de ese tema que hojeando los apuntes, aparecía ahora al azar entre sus manos. La idea de que yo ya no podía hacer nada por cambiar lo que hubiera hecho o no antes a mi me servía para concentrarme.
Y algo parecido me pasó el día que me casé. Aunque esta vez la necesidad de quemar energías me duró hasta la misma mañana. Que poco me faltó para levantarme de un salto. Pero una vez en la peluquería todo cambió. La verdad es que me lo pasé muy bien con los dos peluqueros que me peinaron. Uno, tranquilo y el otro un torbellino. No me dejaba casi ni leer los mensajes de whatsapp: "Que te vas a casar, deja eso ahora" y todo el tiempo bromeando e "incordiando"; me vino genial porque me relajé del todo. 

El día que nos casamos fue un día que recuerdo con mucho cariño. No pudimos estar mejor acompañados ya que allí estaban las personas a las que realmente queremos. Nos faltaron algunas más pero también estaban con nosotros, a nuestra manera; las tuvimos muy presentes. 

Y como yo soy mucho de reflexiones una que extraje de ese día es que en la medida de lo posible el día de tu boda tienes que intentar rodearte de las personas que de corazón quieras tener contigo. Que no hay color. Que es cierto que a veces no queda más remedio que cumplir con determinados compromisos pero que no está demás plantearse una boda en la que solo invites a las personas que realmente van a tener la misma ilusión que tú en celebrarlo y compartirlo. Y si no puede ser así que se aproxime lo más posible a esa idea. (Cierro reflexión)

El día que me casé descubrí que si era necesario era capaz de hacer dos o tres cosas a la vez mientras mi mente estaba ocupada revisando la lista de lo que me quedaba por terminar. Descubrí por ejemplo, que podía pintarme las uñas y comer a la vez, sin estropear aquellas, habilidad muy útil para el futuro que una no sabe cuándo se verá en una tesitura parecida :)
Aunque la verdad es que ese día podía haber vivido del aire que no me hacía falta ni comer; no tenía hambre, no tenía sueño, no tenía sed, creo que hubo momentos en que tuve que respirar conscientemente porque también podría haber pasado el día sin respirar.
Y en realidad no cambiaba nada en especial, la convivencia con mi novio ahora consorte no era nueva, afortunadamente. Creo que el mayor cambio y al que me va costar adaptarme es referirme a él como mi marido. :D

El título de la sección me costó un poco encontrarlo. Tampoco es muy exacto porque en realidad todo el meollo sucedió fundamentalmente en los dos meses previos y anteriores pero como desembocaban y estaban justificados por el día B finalmente fue el que escogí. 

Fueron unos meses intensos, de acabar a las tantas, de "solo estoy un poquito más" para rematar algo y así intentar terminarlo del todo. Trabajando en una cosa pero a la vez dándole vueltas a la siguiente porque el tiempo siempre era escaso. Fue apasionante. Agotador. Siempre emocionante. Unas veces de subidón. Otros días yéndote a la cama lamentando que el día no tuviera cinco horas más para seguir "un poquito más"...Workaholic total.

El principal desafío fue darle cohesión a todo. Que hubiera coherencia entre todos los elementos porque claro, ves cosas tan bonitas pero también tan distintas que en realidad tendrías que casarte muchas veces para llevar a cabo todas las ideas que te gustan. Por eso lo que más me costó fue arrancar, definir el estilo general que tendría la boda y marcar los elementos conductores. Analizarte a ti y a tu pareja desde fuera es complicado y necesitaba sacar algunos rasgos característicos por los que se pudiera ver que era nuestra boda, acorde con nuestro estilo e ideas.

Y esto me lleva a la segunda reflexión. Wedding planners del mundo: un aplauso por el trabajo concienzudo que hacéis, la empatía que tenéis que desplegar, las acrobacias de coordinación y la reserva de paciencia que tendréis siempre a mano frente a los nervios de los novios, incertidumbres y cambios de opinión. Y otro por el ojo clínico para percibir aquellas cosas que hacen de una boda un acontecimiento personal y acorde con las personalidades de la pareja. 

En mi odisea particular de encontrarle un sentido finalmente fueron dos los elementos que me sirvieron de hilo del que tirar para armar el tono y cuerpo de la boda. Pero no es hoy cuando voy a entrar en los detalles. Mejor lo iré contando poco a poco, que no quiero que nadie sufra de empacho, incluida yo misma. 

Solo adelantaré que partíamos de dos premisas:
- una boda con pocos invitados, no llegábamos a quince, y por lo tanto muy íntima
- por encima de todo el deseo de hacer una boda muy personal.
Nada de salones de boda, nada de pasos establecidos, nada de ideas preconcebidas, nada de "en una boda se debe hacer...", no de forma literal.

Cogeríamos aquellos momentos que hacen que una boda sea una boda y los adaptaríamos a la forma en que nos gustaría que fuese, con la idea de convertir una boda íntima en una especie de cita especial entre nosotros dos amplificada, siempre intentando que el resultado fuera sencillo, natural. Que pudiéramos vivir con la importancia que se merece comenzar una nueva etapa en nuestra vida juntos arropados por nuestros seres queridos más directos.

Y de momento lo dejo aquí. Compartir aquí los preparativos, los cuales yo ya he disfrutado mucho en su momento, para mí es una satisfacción pero si encima sirve para que alguien encuentre alternativas o ideas para la organización de su propia boda me consideraré doblemente satisfecha. Así que si alguien tiene alguna duda o quiere algo más de información sobre los contenidos que iré publicando puede escribirme al correo electrónico y estaré encantada de responder aquello que esté en mi mano.

Ramillete del padrino. Foto: Florecilla.

10.10.10

Rose

Rose es el alfiler de esta pequeña muestra que mejor representa el concepto de novia por excelencia. Podríamos considerarlo La Novia en los alfileres de LPECADMS.

Cette petite fleur irrumpe en el escenario con delicadeza, creando expectación a su paso por su aparente fragilidad pero convirtiéndose en el centro de atención de todas las miradas, con su porte elegante, coqueto y tímidamente seductor.


El delicado color rosa palo del tul devuelve a la figura de la novia la cualidad esencial de feminidad; también nos recuerda el rubor de las doncellas de las historias épicas. En combinación con el raso blanco/crudo nos habla de una mujer inteligente pero de sentimientos genuinos que da un paso de mayor compromiso con su pareja con toda la ilusión y la confianza en que el amor lo puede todo; dos personas formando un equipo indisoluble.

Con este alfiler LPECADMS cierra el desfile de las florecillas. Ellas agradecen el protagonismo del que han disfrutado y LPECADMS, tu visita.

Si tienes alguna idea o sugerencia para confeccionar el alfiler de novia que tienes en mente no dudes en escribirme a m.momosan@gmail.com.

Próximamente nuevos y coquetos complementos.


Rose is the pin in this small sample that best represents the quintessential wedding concept. We could consider it The Bride in LPECADMS pins.

Cette petite fleur burst onto the scene with finesse, creating satin as it passes through its apparent fragility, but becaming it the focus of attention, with its graceful, charming and seductive timidly.


The delicate pale pink tulle color returns to the figure of the bride the essential quality of womanhood, and also reminds us of the shame of the ladies of the epic stories. In combination with white/cream satin it speaks us of an intelligent woman but with genuine feelings who take a step forward of greater commitment to her partner with all the enthusiasm and confidence that love can do anything; two people forming an inseparable team.

With this pin LPECADMS closes the parade of flowers. They are very grateful for the prominence that they have enjoyed and LPECADMS, your visit.

If you have any idea or suggestion for making that pin wedding you have in mind, please write  me to m.momosan@gmail.com.

Soon, new and charming accessories.



8.10.10

Clementine

Clementine es la flor de hoy. Su color naranja vibrante evoca la felicidad, la juventud, la alegría de vivir.
Es un color original, a medio camino entre la peculiaridad del amarillo y la energía desbordante del rojo.
Esta flor recuerda ligeramente a las reproducciones de los circos antiguos y de los primeros globos aerostáticos, sugerentes y llenas de encanto.

En LPECADMS creemos que este alfiler está especialmente indicado para aquellas novias jóvenes, extrovertidas y de carácter alegre que quieran regalar a sus invitadas un alfiler que imprima frescura y originalidad.

Como todas es sencilla y representa muy bien la expresión "menos es más".



Clementine is the flower of today. His vibrant orange color evokes happiness, youth, joy of living.
It is an original color, halfway between the peculiarity of the yellow and the boundless energy of red.
This flower resembles slightly the reproductions of old circus and the first balloons, suggestive and full of charm.

In LPECADMS we believe that this pin is particularly suitable for those young, outgoing and cheerful brides who want to give to their guests a pin that stamps freshness and originality.

As all bride's pins of LPECADMS this flower is simple and represents very well the expression "less is more."