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5.12.13

Me gustan los contrastes

Cuando el tiempo es frío me gusta recordar el calor y la luz del verano. 




Pero no la temperatura de 40º de la gran ciudad, rodeada de asfalto, tráfico y aire caliente de los aires acondicionados de las fachadas y metida en la rutina de trabajar. Es fácil recordar solo lo bueno.
Buen puente.

26.11.13

Magdalenas caseras con chocolate

Estas magdalenas deberían llamarse "madgalenas de moras sin moras" porque la receta original es con moras. Pero a veces cuando se me presenta la oportunidad de tener un rato libre para cocinar por placer no tengo todos los ingredientes, entonces improviso y es por ello la razón de estas magdalenas "con ausencia de moras" y sustituidas por chocolate y canela. 
No las hice este fin de semana. Parte del último sábado y el domingo entero estuve muy ocupada dando cobijo a un virus nada simpático que llegó, me dejó tumbada y se fue sin saludar siquiera. Casi lo prefiero, la verdad, porque con tipos tan desagradables cuantos menos tratos mejor. 

[Los ingredientes, escritos a la forma tradicional, tal como vienen en la receta original, excepto las moras:
300 gr. de harina de trigo
160 gr. de azúcar moreno
2 1/2 cucharaditas de levadura en polvo
1/2 cucharadita de sal
1 manzana rallada
3 huevos
5 cucharadas de aceite de oliva
125 ml de yogur natural
2 cucharaditas de vainilla en polvo

Ingredientes para la cobertura:
4 cucharadas de harina
2 cucharadas de azúcar moreno
1 cucharadita de canela
30 gr de mantequilla]







Lo primero es lo primero, mezclar los ingredientes secos en un bol: 


En otro mezclamos los huevos y el azúcar e incorporamos los ingredientes secos que hemos mezclado en primer lugar (ver foto anterior). 
Por otro lado mezclamos los ingredientes de la cobertura que de momento dejaremos apartada. 
Rellenamos los moldes para magdalenas, bien con una manga pastelera o con dos cucharas pequeñas, y ponemos un trocito de chocolate en el centro. 


Una vez colocado el trocito de chocolate poner la pasta que hace de cobertura. Yo lo hice como un pegotito. Puede ponerse de forma extendida para que cubra la totalidad de la magdalena pero yo opté por simplificar. Era la primera vez que probaba una cobertura de este tipo, tan espesa, y no sabía muy bien cómo iba a quedar al paladar. 


Se hornean en el horno durante 20 minutos a 180º. Y....


La receta original contada aquí

11.11.13

Despierta

Eso fue lo que me dije el domingo por la mañana cuando sonó el despertador. Me llevó unos instantes negociar conmigo misma sentada en la cama que ya que estaba despierta me iba a gustar mucho más aprovechar el madrugón para descubrir los secretos de la mañana cámara en mano, junto a un montón de personas más en la distancia. Que si me metía de nuevo en la cama iba a estar muy a gusto pero pensé en el lunes y no quería recordar eso. Me pudo más la curiosidad y el deseo de (una pequeña) aventura. 

Gracias a ello constaté que ser panadero es un oficio sacrificado. Hay que madrugar mucho incluso en domingo, para sacar tu trabajo adelante.


Que la ciudad puede ser muy bonita vestida de azul. Aunque esto ya lo sabía es bueno disfrutarlo de vez en cuando.




Que hay sitios donde parece que se escondan las brujas a descansar cuando llega el alba. (No sé porqué pero estas luces verdes siempre me hacen pensar en cuentos de brujas, en calderos en ebullición y escobas de paja aparcadas cerca de la chimenea)


Que el cielo se peina muchos días para recibir al sol.


Que algunos madrugan tanto como los panaderos o incluso más.



Que las nubes siempre me sorprenden y me seducen.


Que tienes que haber nacido pato para (soportar) disfrutar un baño frío a horas tan tempranas.


Qué la ciudad se despierta. (Ésta es mi foto elegida).


Que una valla funcional es bonita.


Que la luz del día es siempre un regalo.





Que hay muchas personas que por muchas razones madrugan un domingo. También los que escogen la madrugada para recogerse. Vi unas cuantas personas que volvían de divertirse la noche del sábado y vi otras más que madrugaron para montar en bici, se dirigían a disfrutar de una excursión o incluso algunas se iban a trabajar (¡entre ellos el floristero loco!). La ciudad vibra al despuntar el día.


Para apreciarlo solo hace falta estar...


...despierta.

4.11.13

A las calabazas de Halloween le han salido competidoras

El jueves por la noche celebramos Halloween. Hubo fiesta en casa, un poco light porque algunos miembros se quedaron k.o. en seguida y la cosa quedó algo descafeinada.
Pero hubo maquillaje de zombie, hubo malos pelos de zombie, hubo decoración de halloween, hubo cena casi a oscuras y hubo alguna historia de miedo pululando entre los platos. Pocas verdaderamente monstruosas porque al final las aprensiones instalaron la censura.
Y hubo postre de halloween.
Como yo sigo en mi cruzada de simplificar las cosas me busqué una receta sencilla y sí, sencilla es, pero el trabajo previo tiene su aquel.

postre facil halloween
Vía: Pequeocio
Es tan sencilla como hacer con las naranjas lo mismo que se hace con las calabazas: tallarlas. Luego se rellena de helado y al conge a que se endurezca hasta que sean servidas (La receta original aquí)
Tan sencilla menos cuando te pones a vaciar las naranjas. En la receta no habla de cómo hacer ese paso previo tan fundamental salvo por las indicaciones de usar un cuchillo y una cuchara. Yo no sé qué tipo de naranja será la que se puede vaciar con una cuchara pero las mías desde luego no. Por si alguien en un futuro se anima a probar yo lo hice como sigue:

Con un cuchillo grande corté la parte superior de la naranja (elemental), digamos lo que sería la "tapa de los sesos"; después con uno más pequeño y con punta corté la pulpa siguiendo el borde de la naranja, haciendo una especie de cono invertido, para quitar el grueso de la carne; y después con dos tamaños de vaciadores fui quitando el resto de la pulpa. Primero con el vaciador grande y luego con el pequeño para despegarla totalmente de la parte interior, intentando dejar el interior blanco, mondo y lirondo. 
Esta parte fue la más complicada. No hay que olvidarse de quitar también los restos de naranja del interior de la "tapa".

Después con un rotulador dibujé las caras que quería tallar. Aconsejo que las naranjas, si las tenéis en la nevera, las saquéis unas horas antes porque en mi caso, enfrascada con el maquillaje de zombie y demás, no lo hice y estaban húmedas con lo que a veces el tallado iba casi a ojo. Con un cuter bisturí fui tallando las naranjas.
Las rellené de helado de vainilla -no encontré de naranja ni de mango como indica la receta- les puse la tapa, las metí en bolsas de congelación de forma individual y al congelador.

Para alargar un poco más la vida de estas naranjas una vez consumido el helado -entiéndase como una metáfora de resucitar a los muertos de la noche de los muertos-, se lavan, se dejan secar y se les mete una vela pequeña dentro para que sirvan de iluminación.
Desprenden un suave olorcillo cítrico aunque no esperéis tampoco un olor espectacular. Desde luego quedan simpáticas. Al menos así la pelea que se genera tratando de vaciarlas se ve recompensada con algo más que no termina en el gesto de tirarlas a la basura.

No hay que olvidar que con la vela encendida dentro las naranjas se pueden acabar quemando (aunque es difícil que ardan) así que por favor ponedlas en un lugar seguro y vigiladlas de vez en cuando. 
Yo las puse sobre un plato y en un espacio amplio para que no se pudiera quemar nada pero aún así el borde superior se oscureció un poco.



14.10.13

Una mantis religiosa...

...siempre te vigila (aunque esté de espaldas)...


....siempre sabe cómo hacerse la inocente...


...incluso la tímida...


...siempre espera pacientemente mientras te muestra su mejor... ¿...sonrisa...?


Lo asombroso es cómo la fotografía consigue acercarme a aquello que precisamente no es lo que más me gusta y que de otro modo no podría abordar. Esa es parte de la magia de la fotografía. :)
¡Feliz lunes!

25.9.13

El día que me casé ~ El día de la boda

Si habéis llegado hasta aquí sin desmayo y sin que se os haya desencajado la mandíbula de tanto bostezar puedo sentirme feliz. Si no es así dejadme que piense que no lo habré hecho tan mal si al menos seguís pendientes de cómo termina la cosa, a pesar de los bostezos...No, no hace falta que me lo aclaréis, es más bonita la fantasía ;)

A grandes rasgos ya he ido hablando del día de la boda, de cómo casi salté al techo cuando sonó el despertador, de lo poco que dormí porque estaba nerviosa (no lo he contado pero lo hago ahora). Por lo de casarme pues sí porque ya estábamos muy bien tal cual estábamos y no quería que se fuera a estropear. Y por supuesto por la "puesta en escena" de todo en lo que había estado trabajando en los dos meses previos.

He contado que me relajé en la peluquería. Hasta el punto de que fui capaz de hacerme esta foto:


De que salí de la peluquería y entré en pánico cuando me dí cuenta de la hora que era y que aún me faltaba comprar las flores, hacer mi ramo, los prendidos del novio y el padrino, comer, maquillarme, vestirme, hacernos la sesión de fotos en casa (ramos incluidos), salir a tiempo, pintarme las uñas (esto era de importancia vital como todo el mundo sabe), hacer repaso mental cada media hora de todo lo que estaba listo y lo que no, reunir todo lo que teníamos que llevarnos y conseguir que no fuera asaltado por mis gatos molones y también muy curiosones. (Les encanta probar cómo suena cada papel nuevo al rasgarse, meterse en las bolsas, tirar cosas al suelo para oir cómo caen, morder cualquier cinta decorativa y cuando ya han satisfecho su curiosidad y necesitan un reposo tumbarse encima de lo único que haya en la habitación que no deba ser aplastado).
Todo ello se traduce en que tienes que dejar muchas cosas para el final porque si no antes se estropean (atar los globos en el coche a pleno sol, secar los tallos de las flores para que no vayan mojados, hacerte las fotos sin arrugarte demasiado la ropa, bla bla bla). Dejas muchas cosas para el final que tendrás que hacer en un tiempo muy pequeño y sin perder la compostura, claro. Suerte que no hizo el típico mes de junio caluroso y eso ayudó bastante a lo de la compostura.
Por ello conté que comí mientras me pintaba las uñas, me levanté ochocientas veces y fui flotando de un sitio a otro. No flotaba de felicidad todavía, es que me movía tan rápido que no tocaba el suelo.

El milagro fue que llegamos a tiempo a todo. Bajamos cargados con las bolsas de los kits del invitado, la cámara, el trípode, el ramo, el bolso (en mi caso) y lo dejamos todo en el portal. Abrí un poquito la puerta y salí con la cámara. Lo que inmortalicé fue esto:


A mí me inmortalizaron así:


Fue un momento muy bonito porque estaban todos guapísimos, por fin, allí juntos. Hicimos un poco de follón porque eran las cinco de la tarde, un viernes tranquilo, y salió hasta el vecino a ver qué pasaba. Al menos aprovechó para felicitarnos.
Estuvimos un buen rato haciéndonos fotos, jaja, tuvimos nuestro momento hollywood, con tanta cámara apuntando y por fin conseguimos arrancarnos de allí e ir rumbo a la ceremonia. Encontramos un poco de atasco que le dio nervios emoción al trayecto mientras alegremente perdíamos los globos que habíamos atado con cintas a las puertas del coche. Dentro íbamos solos el novio y yo, abriendo la pequeña comitiva, comentando cada momento; yo hacía fotos con el móvil:


Llegamos al ayuntamiento donde nos casaban y lo que allí sí hacía era bastante aire. Seguimos haciéndonos fotos. Preparamos la documentación. Repartimos los kits del invitado. Los niños ya empezaron a dar buena cuenta del contenido. Más y más fotos. Le adjudiqué la cámara a mi hermana así que la teníamos siguiendo nuestros pasos.






Por fin entramos, y en un ratito allí estábamos sentados el novio y yo, delante del alcalde y la ayudante.

Aquí hago un inciso. Aparte de otras razones la gente suele preferir las bodas religiosas porque son más vistosas, más largas y como que tienen más peso.
La idea de una ceremonia civil es que es breve, funcional y con menos encanto.
A la nuestra no le faltó encanto, fue emotiva, pero lo que seguro no fue es breve.
El alcalde, al que agradezco su interés en hacer una ceremonia cálida y acogedora, no escatimó el tiempo, fue amable y se implicó consiguiendo darle un aire informal y entrañable al acto en sí.
Pero lo que me dejó fuera de juego fue que nos hizo una introducción con la historia del pueblo. Quedará como la anécdota de nuestra boda para los restos.
No fue una introducción de dos palabras, no. Fue una generosa explicación de los orígenes del lugar y su evolución. Yo miraba a mi hermana, a la única a la que podía mirar disimuladamente porque ella estaba parapetada al otro lado de la mesa del salón con la cámara, e intercambiábamos expresiones entre el asombro y la risa, sorprendidas por aquella forma de empezar. Yo no podía ver al resto salvo a mi suegro que tenía al lado y a mi inminente marido pero girar la cabeza teniendo enfrente a un alcalde entusiasmado en su relato no era muy compatible con el disimulo.
La verdad es que puso toda su buena intención y salvo esa pequeña charla cultural fueron magníficos. La fórmula para dar el "sí, quiero" era más parecida a la tradicional, y muy emotiva, no un breve "sí, acepto". Nos dejaron después un montón de tiempo para que disfrutáramos del momento mientras nos preparaban el libro de familia y toda la documentación; con anécdota y todo solo tengo buenas palabras para ellos.









Salimos de allí y los invitados nos bañaron en confetti, nos hicimos más fotos y nos fuimos a tomar algo porque estábamos sedientos, que hizo un buen día pero no dejaba de ser un 14 de junio por la tarde.


Ya desde allí nos fuimos al sitio que cuatro meses antes habíamos ojeado para hacer las fotos después de la ceremonia y descubrimos que cuatro meses dan para que la naturaleza trabaje mucho si nadie la frena. Nos encontramos con que la extensión que habíamos pensado como adecuada era ahora un bonito campo de cardos de un metro de altura o más.
No tengo nada en contra de los cardos. De hecho los considero muy fotogénicos:


Pero resultan un poco incómodos cuando tienes que hacer fotos de grupo, con tacones y vestidos vaporosos.
¿Iba a ser impedimento para nuestro propósito? Nunca. En el lado opuesto teníamos un hueco para la sesión -no exento de cierta dificultad de acceso- que ya habíamos visto en marzo en previsión de contratiempos.




Terminada la sesión recogimos todo y nos fuimos al restaurante. Allí los novios nos adelantamos para decorar la mesa.
Era el momento final de desplegar parte de lo que había estado haciendo estos dos meses atrás, para un espacio que no sabía cómo sería y que por fin tenía delante.
Hablé con los camareros y solo hubo que cambiar dos platos de sitio para dejar instalada la zona del libro de invitados y la decoración principal.


Los gatos-novios quedaron delante y entre nuestros dos servicios, el del novio y el mío, y coloqué los cuatro meseros en sus sitios correspondientes.



Los invitados ya podían pasar. Empezaba la cena por fin. Ahora sí que ya solo quedaba disfrutar y dejarse llevar por el momento.



El regreso

Concierto al aire libre el día después. Uno de los violinistas es mi cuñado 
Hay muchas más fotos pero esas las dejo para el álbum personal.


P.D. : Mi más sincero agradecimiento a la fotógrafa principal, por su buen hacer, su disposición y paciencia para estar de aquí para allá haciendo clic y sobre todo por ser una hermana como pocas (yo diría como ninguna). Gracias a todos los invitados por vuestras fotos y entusiasmo y especialmente por compartir ese día con nosotros.